¿Por qué las enseñanzas de Buda están relacionadas con el ahorro?

Las enseñanzas de Buda son fundamentos filosóficos, aplicables también a la economía, que aspiran a alcanzar el verdadero desarrollo del ser humano.

 ¿Por qué las enseñanzas de Buda están relacionadas con el ahorro?
Llevar una vida sencilla permite consumir menos y ahorrar más

En la cultura occidental en la que vivimos, los principios en los que se basa la filosofía budista son ampliamente aceptados por la sociedad, aunque, sinceramente, pocas son las personas que los llevan a cabo en su día a día.

Nuestra economía se basa en el interés individual, en generar el mayor dinero posible para así poder llevar una vida de lujo y consumo que refuerce egos personales. Nada más lejos de las enseñanzas de Buda.

En ellas se insta a una búsqueda interior del verdadero yo frente a búsquedas externas de contenido material y esencia egoísta.

 

Las enseñanzas de Buda están vinculadas con tu bienestar económico


 
Frente a la idea del más y mejor, el budismo cree en el menos es más. Es decir, la simplicidad de la vida conlleva al desarrollo pleno del ser humano. Consumir solamente aquello que uno necesita da lugar a un equilibrio emocional completo, el cual lleva aparejado un saneamiento económico personal que evita endeudarnos con costosas adquisiciones innecesarias.

De esta manera, la presión financiera con la que solemos cargar disminuye, permitiéndonos ahorrar gracias modo de vida sencillo, sin lujos pero sin carencias.

El hombre es un ser individual que actúa en comunidad y por lo tanto se hace responsable de su entorno. Los individuos y colectividades que cooperan entre ellos, sobreviven, funcionan y consiguen prosperar.

Otras de las enseñanzas de Buda relacionadas con el ahorro es la importancia de minimizar el sufrimiento. La disminución del sufrimiento se consigue promoviendo la simplificación de los deseos.

De esta manera, el ansia consumista y la frustración que conlleva el querer siempre más y de mejor calidad, se reduce considerablemente. Y nos hace más libres.

Cubiertas las necesidades básicas de alimentación, refugio, ropa y medicina, las demás necesidades resultan prescindibles, siendo nuestro sentido común el encargado de conservar los recursos disponibles. 

El budismo no está en contra del progreso económico, siempre que éste no promueva al apego de los bienes materiales. Un progreso económico correcto alivia los efectos negativos de la pobreza. Si la riqueza generada se produce a través del trabajo digno, permitirá a las personas tener una seguridad económica que les evite la generación de deudas.

Gastar en lo que se necesite realmente y evitar consumos superfluos. Sin duda se trata de una idea atractiva pero complicada de aplicar cuando una persona, gracias al ahorro, ha acumulado cierto capital.

El consumo es parte también de la satisfacción de nuestros deseos. Pero esa satisfacción debe ser puntual y reducida, ya que la verdadera complacencia la encontraremos en el interior de nosotros mismos, como indican las enseñanzas de Buda.


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