Mitos sobre los cortes de digestión

El contacto brusco con el agua fría puede generar un síncope, y las comidas copiosas contribuyen a ello, pero no hay relación directa con cortes de digestión.

Mitos sobre los cortes de digestión
Arrojamos un poco de luz a este mito transmitido de generación en generación

¿Dos horas? ¿media? ¿una hora? ¡Hasta tres horas! Con todos sus minutos y todos sus segundos, interminablemente desesperantes. Dependiendo de cada familia, cuando eres niño, te hacen guardar rigurosamente el tiempo (subjetivo de lo que dura) de la digestión, en secano. Nada de agua. Ni olerla. Porque, de lo contrario, podrías sufrir el temido (y mal denominado hasta ahora) corte de digestión.

Sin embargo, después vas creciendo, y no sé vosotros, pero yo me fui saltando poco a poco este ritual familiar, y hasta el momento, sin daño alguno, he salido indemne. Y es entonces cuando surge la duda: ¿existen realmente los cortes de digestión?

Mitos sobre los cortes de digestión


Cuando nos bañamos en plena digestión

La opinión experta consultada nos confirma que, efectivamente, durante la digestión, estómago e intestinos se preparan para esta tarea y necesitan mayor aporte de sangre. Al meternos en el agua (que normalmente está bastante fría), las venas y los capilares de la piel y el resto del cuerpo necesitan más sangre para que no descienda la temperatura corporal demasiado, por lo que en ese instante comienzan a “robar” esa sangre al intestino. E incluso, si la persona comienza a nadar, entonces los músculos también necesitarán más sangre… Este es el conflicto principal que podemos entender que ocurre dentro de nuestro cuerpo cuando nos bañamos en pleno proceso de la digestión. Podemos ver que a nuestro organismo le puede costar más trabajo, pero no necesariamente tienen que producirse cortes de digestión.

El síncope

Ya sea mientras que hacemos la digestión o en cualquier otro momento de nuestro día a día, sí que es cierto que los cambios bruscos de temperatura afectan a nuestro organismo. Es por este motivo que cuando entramos en contacto directo y brusco con el agua muy fría puede darnos un síncope, esto es, un shock termodiferencial. De ahí que se recomiende entrar en el agua sin precipitación, mojando poco a poco las articulaciones, las muñecas, la nuca, el estómago… para que esta toma de contacto no sorprenda desmesuradamente a nuestro organismo.

Un síncope puede desencadenar en un reflejo de inhibición de la respiración y la circulación generando una sobrecarga cardíaca. Y, como consecuencia, podemos sufrir un desmayo, y hasta una parada cardiorrespiratoria.

Esta diferencia brusca de temperatura, por tanto, provoca un shock en nuestro organismo, pero nada tiene que ver con el proceso de la digestión, si bien es cierto que una comida copiosa antes del choque térmico puede aumentar las posibilidades de padecerla. Su denominación correcta es hidrocución, en vez de corte de digestión.

 

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