La otra cara de una tarjeta de crédito gratis

Una tarjeta de crédito gratis es posible, pero debemos estudiar las comisiones e intereses pasados el primer año de su uso. Además, muchos bancos nos piden mucha vinculación (nómina y seguros) para conseguir condiciones ventajosas.

La otra cara de una tarjeta de crédito gratis
Muchos bancos cobran altas comisiones e intereses por sus tarjetas gratuitas.

Solicitar una tarjeta de crédito gratis está al alcance de la mano de cualquier persona, ya casi cualquier banco, caja de ahorro o entidad financiera nos da este tipo de producto, pero siempre está la otra cara de la moneda, muchas veces hay una letra pequeña en el contrato que debemos leer con atención.

En primer lugar, una tarjeta de crédito gratis lo es durante un corto período de tiempo, es decir, la entidad emisora no nos cobra cantidad alguna por la emisión o por su mantenimiento durante el primer año, pero sí durante el resto. Mientras una tarjeta de débito es sumamente barata, una de crédito nos puede ocasionar unos gastos anuales, sólo por su mantenimiento, de 15 a 18 euros. Si tenemos en cuenta que fabricar este ‘dinero de plástico’ es sumamente barato, el beneficio es pingüe para quien la emite.

En segundo lugar, los intereses los empezaremos a pagar desde el minuto uno. Cuando compramos con una tarjeta de crédito gratis, como con las de pago, podemos utilizarla como una de débito, es decir, con cargo inmediato en nuestra cuenta. El problema es cuando empezamos a comprar a plazos. 

En este supuesto, podemos pagar una cantidad fija cada mes de no menos de 30 euros o fraccionar los pagos en varios meses. En ambos casos los intereses pueden rondar un 20 por ciento, lo que provocaría un fuerte desequilibrio en nuestro presupuesto familiar en caso de usar una tarjeta de crédito gratis con asiduidad.

En tercer lugar, en muchas ocasiones no nos dan una tarjeta de crédito gratis con facilidad. Tenemos que domiciliar nuestra nómina, contratar seguros y, en definitiva, vincularnos más con el banco emisor. Esto supone gasto. Lo gratis, al final, no lo es tanto.

En cuarto y último lugar, tenemos otro tipo de tarjeta de crédito gratis que ofrecen entidades que nada tienen que ver con el campo financiero, como grandes superficies o empresas distribuidoras de gasolina. En cualquier caso, nos ofrecen descuentos y promociones, sobre todo en los establecimientos emisores u otros asociados, pero hay que mirar la letra pequeña del contrato porque pueden conllevar altos intereses o comisiones pasado el primer año de uso.

Porque, hay que recordarlo, nadie da euros a 90 céntimos.

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