Créditos rápidos, ¿cuándo son una buena idea?

Créditos rápidos, una solución efectiva para un problema puntual de liquidez pero que no deben convertirse en habituales si no queremos endeudarnos.

Créditos rápidos, ¿cuándo son una buena idea?
Sirven de financiación a corto plazo

A lo largo de nuestra vida pasamos por diferentes etapas económicas, por llamarlas de alguna manera. Lo mismo nos sonríe la suerte, acompañada eso sí de nuestro esfuerzo por salir adelante, que se nos acumulan los problemas y toca abrocharse el cinturón. Cuando esto sucede y falta liquidez, una solución posible es la de solicitar créditos rápidos.

Sin duda es una manera de obtener dinero casi inmediato y sin tener que presentar excesiva documentación. No obstante este tipo de créditos rápidos deben usarse a modo de parche, es decir, como tirita que proteja pequeños accidentes imprevistos, no como algo habitual. Si esto último ocurre correremos el riesgo del sobreendeudamiento, un peligro para cualquier economía doméstica.

 

Situaciones adecuadas para solicitar créditos rápidos

 

Desde luego, el mejor sistema para hacer frente a imprevistos económicos es disponer de un pequeño colchón de dinero ahorrado que nos permita salir del brete. En caso de no tenerlo una buena solución, si se trata de algo puntual, son los créditos rápidos.

Consisten en una financiación pequeña, gestionados de manera rápida y amortizado el plazo resultan bastante asequibles. Pero si lo que buscamos es una financiación a largo plazo, los créditos rápidos no son la solución adecuada. Resultan demasiado caros para dichas necesidades.

Lo mismo ocurre con todos aquellos que se financian a base de tarjetas. Como el cargo les llega al mes o mes y medio después, muchos terminan utilizando varias tarjetas a la vez y acumulando deudas que no por pagarse más tarde dejan de ser su responsabilidad.

La mayoría de las entidades financieras que facilitan estos créditos rápidos no solicitan una excesiva documentación. En muchos casos tan sólo el documento nacional de identidad y algún tipo de ingreso, como puede ser nómina, pensión o incluso prestación de desempleo. Incluso hay entidades que conceden créditos rápidos sin nómina.

Al no tratarse normalmente de grandes cantidades no se exigen tantos requisitos que justifiquen la solvencia del prestatario. Son ideales para imprevistos como el de averías en el coche, compra necesaria de un ordenador como instrumento de trabajo, multa de tráfico…

Por lo tanto, la base de una economía saneada es tratar de no endeudarse nunca, y si se hace, que sea siempre en pequeñas cantidades asequibles con los ingresos disponibles. Cuando no se disponga de ahorros que ayuden en situaciones difíciles estos créditos rápidos pueden ser una solución. Lo que no deben utilizarse es para adquirir lujos fuera del alcance de nuestra situación económica (televisores de plasma, vacaciones o celebración de comuniones o bodas), porque entonces entraríamos en la espiral del vivir por encima de las propias posibilidades, y de ahí no se sale bien una vez que has entrado.

 

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