Carnes blancas: ¿son tan sanas como pensamos?

¿Crees que las carnes blancas son más saludables que las rojas? La verdad es que la respuesta no es tan sencilla. Descubre la verdad entre tanta polémica.

Carnes blancas: ¿son tan sanas como pensamos?
El pollo, el pavo y el conejo son las principales carnes blancas

Las carnes blancas son la carne estrella de las dietas saludables. Es la carne que más se recomiendan si queremos cuidar nuestra salud y nuestra alimentación, e incluso si buscamos perder peso. Pero, ¿realmente son tan sanas como nos cuentan?

Siempre se dice que para llevar una dieta sana y equilibrada es mejor consumir más carnes blancas y reducir la ingesta de carnes rojas. Sin embargo, para poder hacer una valoración objetiva, debemos tener en cuenta la composición y el aporte nutricional de cada tipo de carne, así como su elaboración y su influencia en nuestra salud.

 

¿Carnes blancas o carnes rojas?

Dentro de las carnes blancas están incluidas la carne de ave y la de conejo. No obstante, esta clasificación no es tan simple, ya que el cerdo, por ejemplo, también es considerado también carne blanca dependiendo del corte.

Pero aunque la clasificación puede variar, las carnes rojas siempre se distinguen por el color. Ese característico color rojo se debe a su alto contenido en mioglobina, una sustancia que en exceso puede ayudar a elevar el ácido úrico en la sangre.

Por otro lado, es cierto que las carnes blancas se caracterizan por su bajo contenido en grasas y su alto aporte proteico, además suelen ser más fáciles de digerir que las carnes rojas.

 

¿Entonces cuál es la carne más saludable?

La verdad es que no todas las carnes rojas son perjudiciales ni todas las carnes blancas son la opción más saludable. La solución está en aprender a elegir bien el corte y prepararlo de la forma más saludable.

Es fundamental evitar siempre las frituras, que contienen más grasas saturadas y son más calóricas, y las carnes procesadas como el fiambre o los embutidos. Eso sí, las carnes blancas también puede ser perjudiciales para nuestra dieta si no sabemos elegir bien.

Está claro que una pechuga de pollo frita y con piel contiene más calorías y grasas saturadas, que si la preparamos a la plancha y sin piel. Además, de que también puede dificultar la asimilación de nutrientes y favorecer el colesterol. En este caso un corte magro de ternera, cocinado a la plancha, nos aportaría más hierro y menos calorías.

En definitiva, lo ideal es optar siempre por carnes magras, es decir, los cortes menos grasos que nos aportan proteínas de alto valor biológico, vitaminas y minerales.

Asimismo, es importante distribuir bien el consumo de carnes y pescados, y llevar una dieta equilibrada compuesta por otros buenos nutrientes presentes en las frutas, las verduras o las hortalizas.

 

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